
Trás un larguísmo parentesis en la pesca debido a los malos tiempos que ha hecho, lesiones, navidades, etc... , el sábado, Miguel y yo decidimos echar unos lances para ver si nuestras queridas lubinas habían hecho acto de presencia. Llevaba unos cuantos meses que no iba por ellas y cualquier captura que hiciera de una de ellas, aún siendo pequeña, me alegraríaéste inicio de año.
Nuestro objeto era la pesca con vinilos y lo primero que hicimos al llegar al barco era preparar los aparejos y montar los vinilos. Nada más terminado, arrancamos hacia la zona elegida donde nos aguardaban unos amigos en otro barco y con las mismas intenciones que las nuestras.
Llegados al lugar, dimos unas cuantas vueltas para localizar los bancos de peces pasto, empezamos con los lances.
No sé si era porque llevaba mucho tiempo sin salir de pesca, o qué, pero los primeros lances que fectué todos eran defectuosos. Unas veces el hilo me daba vueltas en una anilla, en otras las rachas de viento frenaba el lance cayendo el señuelo a escasos metros del barco y en otras el hilo me daba una vuelta en la punta de la caña y pería un lance. Hasta terminé perdiendo un vinilo montado sobre una cabeza plomada por rotura del hilo por un enganchón del hilo en la anilla.
¡Que mal comienzo de jornada! -le dije a Miguel y éste asintió.
Seguro que ésto dará paso a algo bueno porque no se me pueden torcer tantas cosas tantas veces y en tan corto espacio de tiempo sin que luego sea compensado -le dije pensando que fuera verdad y que Neptuno nos compensase en forma de alguna buena captura.
Creo que el "gafe" lo tenía el vinilo que perdí porque fue perderlo, montar otro igual en otra cabeza plomada igual a la perdida y empezar a lanzar bien y a gozarla. Sí, si, a gozarla porque enseguida empezaron las picadas.
Primero fueron un par de picadas sin que llegaran a enganchar pero enseguida conseguí una buena. Tras el cachete, ver el tembleque de el pez imprimía a la puntera de la caña y como peleaba, vimos que se trataban de macareles. Bonitos y combatibos peces que nos pueden hacer disfrutar buenos momentos si los pescamos con equipos ligeros. Fueron uno, dos, tres, ...... no me acuerdo cuantos pero a cada lance le seguía una picada.
Miguel, al no tener ninguna picada, había cambiado su vinilo por un pequeño metal jig y con él comenzó a pescar uno detrás de otro. Entre los macareles había algún que otro hermoso chicharro (jurel) que nos picaban muy de vez en cuando y teníamos que echar mano de la sacadera para poderlos embarcar porque si no lo hacíamos así perdíamos todos por rotura del lábio. Conseguimos sacr un par de ellos antés de que nuestros amigos de la otra embarcación nos llamaran para que nos acercasemos a ellos. Pensamos que habían dado con las lubinas. Pero no, cuando nos acercamos a ellos comprobamos que habían dado con los mismos macareles que nosotros.
Segimos pescando cerca de ellos. Pensé en el Slug-go que tenía montado en mi Sakurita. Vi que peligraba por la voracidad con que los macareles lo atacaban y decidí cambiarlo por un Tamentai c/rosa (mi talisman).
El cambio de señuelo me deparó un nuevo y hermoso chicharro ¡Qué ricos están asaditos al horno y regados con un buen refrito! Ayyyyy! ¡se me hace la boca agua!
Había tanto macarel que nada más alcanzar el jig los 12m. de profundidad lo atacaban y se enganchaban solos. Esto sucedía una y otra vez y llega a ser hasta cansino. Pero fue en uno de los lances con el Tamentai, tras conseguir que cayera hasta el fondo y después de recuperarlo hasta medias aguas a base de tirones, tuve una buena picada y, trás ella, la peléa me dió otras sensaciones. Tiraba mucho más que cualquiera de lso macareles que habíamos sacado y su movimientos no eran tan electricos.
¿qué será? je, je, je, je, ......... enseguida me vino a la cabeza la imagen de una serviola. Sí, sí, algo me decía de que se trataba de una de ellas ya que tampoco sería la primera vez que conseguimos pescarlas. A Miguel le dije - Prepara el salabre porque ésto es un "limón". Aún no habíamos visto platarlo en el agua pero no cabía duda. La caña nunca la había visto tan curvada desde que conseguí la corvina de 10,5 kg. con ella.
Cuando salió a la superficie confirmo nuestros pronosticos. Era una bonita serviolita, la que publico en la cabecera. ¡Pena de que no consigamos dar con las de una talla más menudita! Pero como dice nuestro gran amigo Martín - "todo se andará". ¡Claro que sí! En ésta vida hay que ser optimista y seguiremos con la esperanza de dar con ellas.
Las picadas de macareles se sucedieron una trás otra hasta que en ésas estamos y Miguel me alerta de que lo que tiene enganchado no es macarel. Tira mucho más por lo que será otra ¿rivoliana? ¿o será dumerili? (todos los votos se incliman a que se tratan de rivolianas). ¡Efectivamente! Es la hermanita de la que he sacado un poco antés.
Nuestro objeto era la pesca con vinilos y lo primero que hicimos al llegar al barco era preparar los aparejos y montar los vinilos. Nada más terminado, arrancamos hacia la zona elegida donde nos aguardaban unos amigos en otro barco y con las mismas intenciones que las nuestras.
Llegados al lugar, dimos unas cuantas vueltas para localizar los bancos de peces pasto, empezamos con los lances.
No sé si era porque llevaba mucho tiempo sin salir de pesca, o qué, pero los primeros lances que fectué todos eran defectuosos. Unas veces el hilo me daba vueltas en una anilla, en otras las rachas de viento frenaba el lance cayendo el señuelo a escasos metros del barco y en otras el hilo me daba una vuelta en la punta de la caña y pería un lance. Hasta terminé perdiendo un vinilo montado sobre una cabeza plomada por rotura del hilo por un enganchón del hilo en la anilla.
¡Que mal comienzo de jornada! -le dije a Miguel y éste asintió.
Seguro que ésto dará paso a algo bueno porque no se me pueden torcer tantas cosas tantas veces y en tan corto espacio de tiempo sin que luego sea compensado -le dije pensando que fuera verdad y que Neptuno nos compensase en forma de alguna buena captura.
Creo que el "gafe" lo tenía el vinilo que perdí porque fue perderlo, montar otro igual en otra cabeza plomada igual a la perdida y empezar a lanzar bien y a gozarla. Sí, si, a gozarla porque enseguida empezaron las picadas.
Primero fueron un par de picadas sin que llegaran a enganchar pero enseguida conseguí una buena. Tras el cachete, ver el tembleque de el pez imprimía a la puntera de la caña y como peleaba, vimos que se trataban de macareles. Bonitos y combatibos peces que nos pueden hacer disfrutar buenos momentos si los pescamos con equipos ligeros. Fueron uno, dos, tres, ...... no me acuerdo cuantos pero a cada lance le seguía una picada.
Miguel, al no tener ninguna picada, había cambiado su vinilo por un pequeño metal jig y con él comenzó a pescar uno detrás de otro. Entre los macareles había algún que otro hermoso chicharro (jurel) que nos picaban muy de vez en cuando y teníamos que echar mano de la sacadera para poderlos embarcar porque si no lo hacíamos así perdíamos todos por rotura del lábio. Conseguimos sacr un par de ellos antés de que nuestros amigos de la otra embarcación nos llamaran para que nos acercasemos a ellos. Pensamos que habían dado con las lubinas. Pero no, cuando nos acercamos a ellos comprobamos que habían dado con los mismos macareles que nosotros.
Segimos pescando cerca de ellos. Pensé en el Slug-go que tenía montado en mi Sakurita. Vi que peligraba por la voracidad con que los macareles lo atacaban y decidí cambiarlo por un Tamentai c/rosa (mi talisman).
El cambio de señuelo me deparó un nuevo y hermoso chicharro ¡Qué ricos están asaditos al horno y regados con un buen refrito! Ayyyyy! ¡se me hace la boca agua!
Había tanto macarel que nada más alcanzar el jig los 12m. de profundidad lo atacaban y se enganchaban solos. Esto sucedía una y otra vez y llega a ser hasta cansino. Pero fue en uno de los lances con el Tamentai, tras conseguir que cayera hasta el fondo y después de recuperarlo hasta medias aguas a base de tirones, tuve una buena picada y, trás ella, la peléa me dió otras sensaciones. Tiraba mucho más que cualquiera de lso macareles que habíamos sacado y su movimientos no eran tan electricos.
¿qué será? je, je, je, je, ......... enseguida me vino a la cabeza la imagen de una serviola. Sí, sí, algo me decía de que se trataba de una de ellas ya que tampoco sería la primera vez que conseguimos pescarlas. A Miguel le dije - Prepara el salabre porque ésto es un "limón". Aún no habíamos visto platarlo en el agua pero no cabía duda. La caña nunca la había visto tan curvada desde que conseguí la corvina de 10,5 kg. con ella.
Cuando salió a la superficie confirmo nuestros pronosticos. Era una bonita serviolita, la que publico en la cabecera. ¡Pena de que no consigamos dar con las de una talla más menudita! Pero como dice nuestro gran amigo Martín - "todo se andará". ¡Claro que sí! En ésta vida hay que ser optimista y seguiremos con la esperanza de dar con ellas.
Las picadas de macareles se sucedieron una trás otra hasta que en ésas estamos y Miguel me alerta de que lo que tiene enganchado no es macarel. Tira mucho más por lo que será otra ¿rivoliana? ¿o será dumerili? (todos los votos se incliman a que se tratan de rivolianas). ¡Efectivamente! Es la hermanita de la que he sacado un poco antés.

La mañana transcurrió sin más sobresaltos. Tan solo la que nos dispensaron unos cuantos pequeños delfines que creemos estaban comiendo cangrejos patalines como amarretako.
Nos casamos de los macareles y cambiamos de zona varias veces para ver si dabamos con alguna lubina pero no lo conseguimos. Solo dimos con unos cuantos chicharros más y ........ para casa.
Esta es otra serviolita pescada hace ya unos años por Oscar.
Una muestra de unas cuantas que pescamos.
Nos casamos de los macareles y cambiamos de zona varias veces para ver si dabamos con alguna lubina pero no lo conseguimos. Solo dimos con unos cuantos chicharros más y ........ para casa.
Una muestra de unas cuantas que pescamos.







